Lucía y yo vamos camino a casa juntas y riendo. No me cuenta que ha
hecho o que va a hacer, pero me tiene intrigada. Llega el momento de dividirnos
y que cada uno siga su camino. Llego a casa y veo a Dani y Lucas de nuevo
jugando a la play. ‘’Viciados’’ pienso.
Voy a mi habitación, tengo cosas que estudiar y trabajos que hacer,
pero tengo hambre así que acudo a la cocina para comer algo. Entonces veo un
whatsapp.
*Whatsapp*
Blas: Ey pequeña, ¿como vas? Espero que mejor que ayer… No puedo
pasarme por tu casa, pero mañana voy a verte y te doy uno de mis achuchones que
tanto te gustan. Te quiero chiqui!
Sonrío al leer el mensaje, que me alegra, y hace que mi tarde sea
bastante más amena.
Han pasado las horas y sigo encerrada en mi cuarto. Ya es hora de ir
acabando, he tenido una tarde bastante productiva. Hago una mueca de
satisfacción al ver que por fin, he aprovechado el tiempo. Aun sentada en el
escritorio, recojo las cosas y las guardo en la mochila. Cojo el móvil y veo
que Lucía me ha dicho unas cuantas chorradas y en varios grupos han hablado
sobre el trabajo de economía. Salgo del cuarto mirando el móvil y contestando a
Lu. Veo que mamá ya esta haciendo la cena y le abrazo suavemente mientras ella
cocina.
-
Me encanta como cocinas
-
Tu lo que tienes es hambre. Anda aléjate
de la cocina que luego no cenas.
Salgo de ella cogiendo un trozo de pan y me vuelvo a mi cuarto, pero
noto como alguien me agarra del brazo y me arrastra. Lucas me mete en su cuarto
y me sienta en la cama.
-
¿Que pasa? ¿Porque me has arrastrado
de ésta manera?
-
No te creas que se me ha olvidado
lo de ayer… Quiero saber por que lloraste
-
¡Chicos! ¡A cenar!
-
No te vas a escapar.
-
Después prometo que te lo contaré
Salimos del cuarto juntos. Carlota, divertida, nos adelanta medio
corriendo. Cenamos un tanto tensos. Lucas quiere saber que me pasó y yo pienso
como contar que el causante de ello fue Manu.
Me entretengo un poco ayudando a limpiar a mi madre y sigo pensando
como contarle lo ocurrido al cenutrio de mi hermano…
Paso silenciosamente por delante de su cuarto sin hacer ruido, y entro
al mío delicadamente. Cierro la puerta con cuidado.
- ¿Pensabas que te ibas a escapar? Te lo he dicho.
Pego un salto. Lucas se ha adelantado y esta sentado en la orilla de mi
cama, esperándome.
-
¿Que pasó pequeña?
Me siento al lado suyo en silencio. Comienzo a contarle todo. Empezando
desde la carta en el árbol, pasando por que Blas lo sabía, hasta llegar al
encuentro de la plaza. Siento un fuerte dolor en el pecho que no me deja
respirar. Se me hace un nudo en la garganta, empiezan a llenarse mis ojos de
lágrimas. Lucas me observa con inquietud y preocupación.
En cuanto nombro a Manu, su expresión cambia. Aprieta los puños con
fuerza, se le hincha la vena del brazo y sus ojos representan su ira. Sigo
llorando y como puedo acabo de contarle la historia.
-
Lucas, te juro que yo no sabía que
era él, jamás hubiera ido… yo… yo…- lloro desconsoladamente
Lucas me abraza sin decir nada, me abraza muy fuerte, me aprieta contra
su pecho y esto produce el efecto rebote en mis ojos. Lloro.
-
Venga pequeña, tranquila
-
¿Por que no me deja en paz? ¿No me
va a dejar vivir nunca? ¿O que?- seguimos abrazados y Lucas me toca la cabeza.
Mientras yo, sigo llorando.
-
Sh, no llores, tranquila que a ese
imbecil se le van a quitar las ganas de nada…
Me aparto y le miro la cara
-
Lucas, ¿Que vas a hacer?
-
Nada nena, tranquila.
Y dicho esto sale de mi cuarto, dándome un beso en la frente. No me fío,
no me gusta que se enfade y él lo esta, y mucho.
Cuando corté con Manu, él me hizo la vida imposible, hasta que llego al
punto del acoso. Sentía la angustia con cada mensaje que me enviaba. Me daba
miedo ir al instituto por si me lo encontraba. Fue un miedo incontrolable. Una
noche, Lucas me pillo el móvil y leyó los mensajes amenazadores de él. No le
hizo nada, pero le juró que se la guardaría y que la próxima vez, no se
quedaría quieto. Se como es, y le tiene ganas. Desea esa venganza por haberme
hecho daño… Ahora me da miedo que le pase algo…
Entre esos pensamientos y lágrimas me duermo.
Alguien me persigue, me noto observada y con miedo, necesito salir,
quiero salir de allí. Todo me da vueltas, no hay nadie a mi lado, nada. Corro,
corro con todas mis fuerzas, como si no hubiera mañana, doy la vista atrás una
y otra vez mis pies siguen su infinito camino. La habitación blanca no para de
girar, unos focos de luz me iluminan y me ciegan. Caigo al suelo derrotada. El
cansancio se apodera de mí, las piernas me flaquean, me falta el aire.
Me quedo tumbada en el suelo inmóvil, incapaz de moverme, con los ojos
esquivando los focos, pero de repente una sombra los tapa.
Solo veo que es un hombre y lleva cresta.
-
¿Álvaro?- susurro
Levanto la mano levemente y tapo la luz para poder ver con más
claridad.
-
No, otra vez tú no….
Intento levantarme, pero la presión de mis piernas no me deja. Miro a Manu, está ahí, mirándome de pie, viéndome
sufrir y disfrutando con ello una vez más.
Le miro con odio y escupo enfrente de sus zapatos. De repente empiezo a
notar que alguien me ahoga, como si me cogieran del cuello y me lo estrujaran entre
unas grandes manos.
Intento escapar, pero no puedo, no me dejan. Mis manos están inválidas,
los brazos dormidos, no puedo hacer nada.
Manu me mira con placer, orgulloso de mi dolor. Mientras yo, me retuerzo
de dolor en el suelo, aprieto los dientes intentando escapar una vez más de
esas manos invisibles que atrapan mi cuello. Lloro, lloro de rabia, de dolor,
de impotencia.
-¡NO!
- Cariño, cariño ¿Que pasa?
Me despierto de esa maldita pesadilla y mi madre entra preocupada en mi
cuarto, al oír mis gritos.
-
Tranquila mi niña, solo a sido una
pesadilla- dice mientras se sienta en el borde de la cama, me abraza y me acuna
levemente en sus brazos como modo de consuelo
-
Sí, solo un sueño…- susurro abrazándola
débilmente con la cara llena de lágrimas y sudor por mi frente.
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